Personalisima: mano y obra del rehacer José Luis López Fernández

EL HOMBRE HERIDO

 

                El marco o fondo ornamental del relato, es un hospital al que iba diariamente a visitar a una persona muy querida. Y siempre, cada vez que salía del recinto, la frustración me acompañaba camino de casa. Tenía la sensación de volver  yo mismo impregnado de sensaciones punzantes, consecuencia  de ese “escenario” propio de una realidad que pasamos por alto cuando la salud está presente.

                Un día, por pura casualidad, me topé con la imagen de “El hombre herido” , óleo de Gustave Courbet. El interés que suscitó esta pintura en mi estado de ánimo fue realmente significativo, no sólo por su calidad artística, también por la asociación que concebí de inmediato entre el abatimiento personal y la traza de un hombre tendido en el suelo y que parecía estar herido más por dentro que por fuera.

                No tardé en añadir un elemento, digamos, de coordinación a esta especie de cóctel: la ironía. Recordé alguna de mis lecturas socráticas y utilicé una inmediación a la fórmula mayéutica, o método socrático inductivo: interrogación aun sabiendo parte de la respuesta.

                Los personajes, mitad reales, mitad ficción, conforman el cuerpo o la piel de esta historia.